Las previsiones para el transporte por carretera en España para 2026

En base a las ventas de vehículos industriales en España, tendencias económicas y estudios como el publicado por la asociación de transportistas ASTIC, encamion.com se atreve a adelantar como será 2026 para el sector del transporte y la logística y esto es lo que dice:

Las empresas de transporte por carretera afrontan un 2026 muy exigente: alza de costesinseguridad regulatoria y déficit de conductores.

La Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC) prevé que el transporte de mercancías por carretera crezca moderadamente en 2026 . Ello pese al entorno de enorme incertidumbre, generada principalmente por la incesante subida de los costes que erosionan la rentabilidad de las empresa. Otra amenaza para las empresas del transporte proviene de la “catarata” regulatoria que asfixia y desconcierta a las empresas del sector y a sus clientes.  La falta de relevo de profesionales y la caída en la actividad, de la última parte del año 2025, se suman a la incertidumbre. Todo ello en un momento político complejo, marcado por la parálisis derivada de la ausencia de
Presupuestos Generales del Estado en España y los traspiés de gran parte de las economías de la Eurozona.

Amenazas a la rentabilidad de las empresas de transporte según ASTIC

  • Estructura de costes y la energía. La volatilidad de los precios de los combustibles, que representan alrededor de un tercio de los costes operativos de las empresas de transporte por carretera.
  • Transición energética. 2026 arranca con una ‘resaca’ triunfal tras el importante hito alcanzado en diciembre en este ámbito: la Comisión Europea ha paralizado su propuesta legislativa para imponer obligaciones de compra de vehículos de cero emisiones (ZEV) a las flotas corporativas, al excluir finalmente a los vehículos pesados con la influencia realizada desde la (IRU). La Comisión también ha revisado los objetivos climáticos de 2035. Se apuesta por un enfoque más pragmático al incorporar el uso de combustibles renovables en la descarbonización del transporte por carretera. Una buena noticia, aunque puede verse empañada por la complejidad del planteamiento, la falta de verdadera neutralidad tecnológica y las limitaciones de la flexibilización, que no reflejan la tendencia mayoritaria en el Parlamento y el Consejo Europeo.
  • Incremento de costes ligados al medio ambiente. La transición energética sigue siendo un gran desafío para el sector, que debe adaptarse a medidas como los peajes ligados a las emisiones de CO₂, derivados de la Euroviñeta y cada vez más extendidos en Europa; o el ETS II (comercio de derechos de emisión para transporte por carretera y edificios). Su entrada en vigor, aplazada a 2028, podría implicar un sobrecoste anual de entre 875.000 y 1,2 millones de euros para una empresa con una flota de 100 vehículos.
  • Falta de conductores profesionales. Escasez estructural de conductores. La falta de relevo generacional de las plantillas de conductores profesionales continúa siendo uno de los problemas más graves del sector. Sin soluciones a medio plazo, esta escasez amenaza la capacidad operativa del transporte por carretera y la viabilidad de las cadenas logísticas.
    La edad media de los conductores de camión en España roza los 54 años y solo el 2% de los transportistas en activo en nuestro país son mujeres.
  • “Catarata” regulatoria e inseguridad jurídica. Nuestras empresas de transporte se enfrentan a una sobrerregulación y a una inseguridad jurídica. Está generada por una legislación errática proveniente de todas las Administraciones (municipal, autonómica, nacional y europea) que penaliza su eficiencia, crecimiento y competitividad. Hace más de una década, la UE puso en marcha el principio de Better Regulation para mejorar la calidad de su legislación y políticas, promoviendo la idea de ‘legislar menos y mejor’. Sin embargo, este propósito aún no se ha materializado ni en Bruselas ni en España.

El momento económico en España iniciando 2026

Según recoge eleconomista.es la economía española tiene garantizado otro año de crecimiento en el ejercicio 2026. Su ritmo de avance experimentará una desaceleración desacostumbrada por su cuantía. Analistas e instituciones internacionales coinciden en que el incremento del PIB de nuestro país perderá aproximadamente un punto porcentual en tan solo doce meses, al pasar del 2,9% con el que cerró 2025 al 2,1% estimado para 2026.

La confluencia de la debilidad del sector exterior, que incluso tendrá una aportación negativa, con la mayor debilidad del consumo y la inversión internos provocará así una desaceleración que solo supera, en las últimas décadas, a la sufrida entre 2007 y 2008.